Buenos días!!
Por fin viernes!! La verdad es que coger el ritmo esta semana me ha costado más de la cuenta y es que puede que algo de mi se quedara en Formentera y al llegar, tenía la sensación de que el mundo giraba una velocidad y yo a otra…;-) ¿No os ha pasado alguna vez?.
Además de eso, también necesitaba unos días para asentar lo que fue para mi tanto la carrera como el viaje. Porque sin duda, y sobretodo la carrera, no ha sido una más, sino una en la que me di cuenta de muchas cosas importantes.
La primera, es el egoismo de la generosidad. Jajaja, suena raro , no? Pues bien, lo que os voy a contar, no penséis que me hace mejor persona, o que quiero fardar de eso, todo lo contrario, asumo que a veces ayudar a un tercero puede traerle a uno mayor satisfacción incluso que a la persona por la cual haces un gesto altruista.
Y es que así fue para mi. Pero vamos a empezar por el principio. La idea de esta carrera surge como un sueño lejano una mañana de brunch en la que tres amigas hablan sobre sus situaciones personales y en todos los discursos falta algo que realmente las ilusione. Para describir esto, me encanta la analogía del burro y la zanahoria. A veces los humanos nos comportamos igual, y al menos yo, soy de las que necesita un objetivo o ilusión en forma de zanahoria para tirar hacia delante. Algo que me ayude a motivarme, que me genere sensaciones agradables los días que son un poco más duros, en definitiva algo con lo que soñar.
Y así, en esa mañana, y gracias a Rouss (una de las chicas de guerreras running) que había sembrado esa idea en mi, dejé caer la posibilidad de irnos a Formentera en el Puente de San Isidro a correr esta carrera y sin pensárselo mucho ambas aceptaron ilusionadas la propuesta.
Ya teníamos nuestra zanahoria. Ahora sólo quedaba tirar hacia delante. Y así en los meses que transcurrieron hasta la carrera, la situación de cada una fue cambiando. Bueno, os las presento, a partir de ahora Mergil y Evaeme.
Cómo os decía, a veces la vida te pone de frente situaciones que no te esperas y a veces no muy agradables. Eso nos puede pasar a todos, pero lo que si que depende de cada uno es cómo reaccionamos ante estas situaciones. Esta fue el caso de Mer, en el transcurso entre esa mañana de brunch y la carrera, se tuvo que enfrentar a algo para lo que nunca estamos preparados. Que te digan que tu cuerpo sano y joven, lleno de vitalidad se tiene que operar, y que tienes que parar de entrenar y hacer deporte. Sin duda esto es algo para lo que nunca estamos preparados.
Todo eso pasó en estos meses. Afortunadamente todo salió bien, y su recuperación gracias a su carácter alegre y fortaleza fueron increíbles. Pero de ahí, a poder correr una media maratón bajo el caluroso sol de Formentera, apenas un mes después, era otra cosa.
Por otro lado, Eva llevaba meses intentando recuperarse de una fuerte lesión. La ilusión de correr esta media maratón le animaba a volver a entrenar con fuerza para poder cumplir ese sueño, pero después de haber tenido que estar completamente parada durante mucho tiempo, el cuerpo no le dejaba avanzar a la velocidad que ella quería y los dolores volvían a surgir. Con lo que no pudo llegar lo bien preparada que le gustaría. Cómo ella decía, no sabía siquiera si su cuerpo estaba preparado para un 10k. Así que el día de la carrera era un incertidumbre ver cómo reaccionaría.
Yo por mi parte, ya os contaba cómo me estaba molestando mi rodilla guerrera las semanas de antes y lo preocupada que estaba, más con si podría correr o no, con no hacerme más daño, ya que en el mes que viene por delante me quedan todos mis objetivos por cumplir y 21 km por asfalto, podían hacer que me terminara por lesionar completamente. El día anterior a la carrera salimos a trotar un poquito para soltar piernas y la verdad es que no me terminaba de sentir bien.

Pues después de todo esto que os he contado, imaginaros la revolución de emociones y sentimientos teníamos el día de la carrera. Estábamos cómo cabras, dos horas antes ya estábamos totalmente equipadas, con el dorsal puesto, dando vueltas por la casa y haciendo tiempo cómo podíamos para irnos hacia la zona de salida. Vamos, que nos subíamos por las paredes…;-)

Menos mal que al llegar allí nos encontramos con muchas chicas del mundo del running como mi compi Sofía, Rouss y María de guerreras running y Go Mirian y Alexia de Where is the limit y entre abrazos y risas, los nervios pasaron a un segundo plano. Que gusto da conocer a gente tan bonita gracias a este deporte.
Por fin dieron la salida, por fin había llegado ese momento que tanto estábamos esperando. Los primeros 4 kilómetros no fueron nada fáciles, íbamos en pelotón, lo que incrementaba la sensación de calor con el sol de frente, y «el falso llano» inicial hicieron que rápidamente la sensación fuera de, uff, esto no va a ser tan fácil. A Mer la vi coger ritmo rápidamente y en seguida vi cómo tiraba hacia delante sin ningún problema. Olé!!! Esta personita es todavía más fuerte de lo que imaginaba. Como la admiro, pensé. Mer tenía que hacer su propia carrera, con ella misma, para demostrase a si misma que era capaz de conseguirlo.
Cuando miré para atrás, en Eva vi la cara de «no se si voy a poder» y automáticamente supe que mi misión en esa carrera era quedarme a su lado. Y no para tirar de ella porque sabía que podía perfectamente, sino simplemente para estar a su lado en los momentos en lo que la cabeza la jugara una mala pasada.
Poco después llego una gran bajada, con un paisaje de los más impresionantes que he visto en ninguna carrera. Carretera de enorme pinos a los lados y mar alrededor de cualquier punto al que miraras. Vi a Eva respirar hondo y recuperar el aliento, disfrutar de ese momento y ahí supe que lo íbamos a conseguir.

Así llegamos al km 10, donde en el avituallamiento paramos a beber agua y tomarnos un trozo de naranja. Dejé que Eva se sintiera un poco más recuperada y la miré diciendo. Bueno Eva, resetea, si has hecho esto, puedes hacerlo de nuevo, así que empezamos cómo si fuera otra carrera. Me miró como diciendo…¿y lo que he hecho no cuenta?Sabíamos que sí, pero ahora era el momento de poner de nuevo el marcador a cero, mirar hacia delante y ver que podíamos con lo que faltaba. Si has podido con 10 puedes con otros 10.
En los siguientes kilómetros, fuimos muy bien, yo diría que cogimos buen ritmo, constante y vivo. Si alguna vez acompañáis a alguien en una carrera, es importante que os aseguréis que el ritmo es el de la otra persona y no el tuyo, ya que la sensación de estar siguiendo a otra persona durante tantos kilómetros, más que ayudar puede desmotivar. A partir del km 15, después de un par de kilómetros en ascenso, y cómo era normal al no tener las articúlaciones acostumbradas a esa distancia, Evi sentía que los kilómetros pesaban, pero ya no había marcha a atrás. Habíamos llegado hasta ahí, e ibámos a cruzar la meta juntas. Lo tienes hecho Eva!!
Dejando atrás los paisajes de extensos campos de trigo, entramos en la zona final, donde la carretera cruzaba en mitad de las salinas, y los reflejos blancos deslumbraban a donde miraras. No os puedo describir cómo mi mente iba captando cada imagen y guardándola como si de una polaroid se tratara. No lo olvidaré nunca.

Cada vez, más gente se amontonaba a los lados de la carretera al grito, de «Vamos, lo tenéis hecho» y cada vez que escuchaba esos ánimo y a pesar del calor, toda mi piel se erizaba. No me dolía absolutamente nada, tenía a mi lado a una persona tan bonita y sabía que por delante Mer ya estaría a punto de cruzar la meta que me emocionaba sólo de pensarlo. Hay personas que te dan grandes lecciones de vida y de lo que es realmente importante. Os confieso que en más de un momento se me escapó alguna lagrimita.
Cuando estábamos llegando a meta, Eva me cogió de la mano y se arrancó en un sprint que casi me deja sin aliento. No se de donde sacó la fuerza, pero supongo que fue la emoción de sentir que había sido capaz de conseguirlo. Fue precioso entrar con ella llorando, riendo y corriendo como locas.
Por lo que os decía al principio lo de la generosidad, es porque lo que no sabía en el momento que tomé la decisión de hacer mi carrera o quedarme con Eva, era la de cosas positivas que iba a tener para mi. Además de poder disfrutarla con unas sensaciones tan bonitas, disfrutar del paisaje, de chocar las manos con todos los niños que se cruzaban en el camino y poder pensar en un montón de cosas y personas bonitas, esta experiencia me recordó mis orígenes con este blog, el por qué inicié mi primer post, y el saber que lo que el deporte puede hacer por nosotros es la mejor medicina que un cuerpo puede tener. Que lo que a mi me llena en la vida, no es otra cosa que intentar comunicar este mensaje y tratar de ayudar a todos los que no lo sientan así por naturaleza. Necesitaba reencontrarme con ese sentimiento de una manera tan presente y tan fuerte.
Nunca olvidaré el abrazo de las tres al encontrarnos pasada la meta, ni las lágrimas de cada una por haber cumplido cada una nuestro objetivo. Ni el vinito que nos tomamos al llegar al apartamento…;-) Una misma carrera, y tres motivos muy distintos que se fusionaban en un abrazo de satisfacción y emoción.
Qué lo que correr que ha unido, no lo separe nada. Os quiero Mer y Eva.
Bueno, y de nuevo toca mirar hacia delante, con la vista puesta en próximos objetivos, donde esta vez, si van a ser para mi misma un verdadero desafío. Esta semana mi gran amiga Miriam Albero desvelaba uno de los secretos mejor guardados de We Run Barcelona 2015, el color de la camiseta dorsal de esta edición. Los colores coral y amarillo flúor pondrán la nota de color en esta primera edición nocturna de la Cursa Bombers 2015.
Con esto sólo desearos un buen fin de semana lleno de cosas bonitas y que si corréis alguna carrera, cumpláis vuestro objetivo, o encontréis ese motivo que todos tenemos dentro.
Un abrazo. Pau
















