SESIÓN 8
No te apegues pues. No juzgues. No intervengas, deja que el juego de las apariencias se haga por sí solo, se eleve y caiga, pues todo se desvanece y empieza de nuevo sin cesar.
La búsqueda de la felicidad es lo que nos impide encontrarla.
Como el arco iris que uno persigue sin atraparlo jamás porque no existe, aunque siempre esté ahí y te acompañe en todo instante.
No creas en la realidad de las apariencias, buenas o malas. Son como el arco iris.
Al querer coger lo inasible uno se agota en vano. Pero, cuando se abandona este propósito, el espacio está ahí, abierto, hospitalario y confortable.
Entonces, aprovéchalo.
No busques más. Todo está ya en ti. No vayas a buscar en la jungla inextricable al elefante que está tranquilamente en casa.
No hay que hacer nada… No hay que forzar nada… No hay que desear nada… Y todo se hace completamente solo.
Poema de Lama Guendün Rinpoché, maestro de meditación
En busca de la felicidad
Como dice el poema, la felicidad no es algo a lo que se llegue con mucho esfuerzo, como una especie de recompensa al sacrificio hecho, sino que reside ahí, muy cerca de la relajación y del abandono.
Sí, quizás no lo has experimentado todavía, pero la felicidad es una sensación muy parecida a la tranquilidad. Cuando estamos bien, serenos y en armonía con nosotros mismos es cuando experimentamos esa sensación de felicidad. Lo otro, los éxitos, las ganancias, cumplir nuestros deseos, son momentos de alegría, que están ahí para celebrar, pero sobre los que no debemos basar nuestra felicidad.
¿Cómo se alcanza la felicidad?
El estado mental que reconocemos como deseo, es un estado de agitación y tensión en el cual la mente elabora fantasías sobre algo que queremos. Como nos anticipamos a algo, tiene un carácter de urgencia que genera tensión y de miedo al fracaso al no conseguirlo. A la contra de ser algo satisfactorio, se vuelve algo agobiante.
Entendiendo como funciona el deseo, es fácil entender como una sociedad que está basada en el deseo resulta infeliz. Es fácil caer en esto en una sociedad consumista, en la que continuamente nos vemos bombardeos por publicidad que ayuda elaborar estos deseos y necesidades.
La continua búsqueda de cosas materiales, riqueza, fama, poder nos conduce a un ciclo de desear continuamente que genera un vacío interior.
Según la filosofía Budista, la tercera causa del sufrimiento es la ignorancia, entendida esta, no como tener mayor o menor conocimientos sobre historia, geografía o matemáticas, sino como la no comprensión de la naturaleza humana y como funciona la mente y evitar aceptar y trabajar por conseguir lo que deseamos y tenemos al alcance de la mano.
Por tanto, conocidas las causas de la insatisfacción, al erradicar estas, erradicamos el sufrimiento y podemos alcanzar la felicidad.
¿Cómo erradicamos los deseos y la aversión?
Y aunque os cueste creerlo, esto es algo que yo misma he experimentado con mi práctica y en los Retiros de Silencio que he realizado. En la meditación encontramos esa serenidad y esa paz en la que todo está bien. (En el vídeo os cuento mi experiencia con más detalle).
La meditación es la forma de entrenar una mente excelente para que quede libre de tres venenos: si erradicamos estos venenos que irritan la mente, la felicidad surge de forma espontánea. No es algo instantáneo , no milagroso, pero sí algo que podemos desarrollar, para poco a poco, ir sumando más momentos de vida de serenidad y felicidad que de lo contrario.
Es decir, a través de la meditación podemos cultivar los 4 estados de la mente excelente que, según Buda, conducen a la felicidad y que recientemente están siendo avalados por numerosos estudios de neurociencia que coinciden en que, las personas que poseen estas cualidades, son más felices.
LOS 4 ESTADOS DE LA MENTE EXCELENTE
Benevolencia o amor incondicional
Es el deseo profundo de que alguien sea feliz, que disfrute de beneficios. Sería lo contrario al odio o el cinismo, que surgen de desear que una persona sufra.
Para cultivar este estado hay que practicar hábitos como la generosidad. La benevolencia nace de la conexión profunda con otro ser, donde surge un deseo auténtico de felicidad para el otro.
Estos deseos es fácil sentirlos por un hijo, un hermano, o la persona que amas, pero quizá es más difícil desarrollarlos hacia los seres que tenemos menos relación.
La compasión
Es el equivalente a la benevolencia, pero ante el sufrimiento. Es el deseo auténtico de no sólo entender y comprender el sufrimiento del otro, sino además, tratar de hacer algo para aliviarlo.
La compasión al igual que la benevolencia, requiere de empatía, de ser capaces de ponernos en la piel del otro y experimentar su dolor como si fuera el nuestro.
Es tan importante que por eso le dedicamos una sesión especial y tenemos una meditación específica para cultivarla.
La alegría compartida
Es la felicidad que experimentamos por los éxitos o logros de los demás, siendo esta una alegría auténtica que nace desde lo más profundo de nosotros como si la experimentásemos en primera persona.
Experimentar alegría activa en nuestro cerebro los mismos centros que el placer por la comida o el sexo, así que realmente, alegrarnos por los demás nos hace científicamente más felices que los celos o la comparación.
La ecuanimidad
La cualidad más importante y a la vez, que menos se tiene en cuenta para conseguir un estado excelente y por tanto alcanzar la felicidad es la ecuanimidad.
Quizá mal interpretada como indiferencia, la ecuanimidad no significa que todo me de igual, sino que no somos tan susceptibles al torbellino de deseos, emociones, aversiones.
Ser ecuánime implica no dejarnos arrastrar y reaccionar ante nuestros impulsos de deseo o de rechazo, sino ser capaces de entender que estos son venenos de la mente, aprendiendo a responder sin reaccionar ante ellos de una manera sosegada y consciente.
¿Cómo podemos cultivar los 4 estados de la mente excelente a través de la meditación?
Como hemos visto, meditar nos ayuda a estar más conectados con nuestros sentidos. Nos hace menos susceptibles al torbellino de pensamientos que habitualmente se producen en la mente sin que podamos manejarlos y que llevan a que nos guiemos más por lo que la mente cree que necesita, en vez de por lo que realmente el cuerpo necesita.
Meditar nos ayuda a regular las emociones, generando una pausa, antes de reaccionar para poder comprenderlas, entender que quieren decir, observar como se transforman y desde una posición más serena dar mejores respuestas a lo que sentimos.
Meditar agudiza la capacidad de observación y la memoria. Hace que seamos capaces de organizar mejor nuestras tareas, nos concentremos más y gestionemos mejor nuestro tiempo.
La mente necesita conciencia y atención plena para poder disfrutar de la vida. Y tanto unas habilidades como las otras han de entrenarse para mantenerlas, ya que de manera natural se atrofian.
Igual que perdemos la fuerza o la flexibilidad si no hacemos ejercicio y nos pasamos el día sentados, la mente va perdiendo su capacidad de prestar atención, de concentrarse o de resolver problemas si no se entrena. A no ser que entrenemos estas habilidades, la mente solo hará el esfuerzo mínimo necesario para mantener las funciones básicas.
Por tanto, la pregunta es…
¿Cómo vas a integrar la meditación en tu vida de ahora en adelante?
También hemos hecho sesiones de yoga o consciencia corporal y una meditación para desarrollar el amor y la compasión.
Tienes disponibles todas ellas en tu día a día, para que construyas tu plan de acción.
Mi recomendación es que establezcas una rutina semanal realista, en la que trates de incluir meditaciones cortitas todos los días para tener ese contacto diario contigo mismo y dos o tres veces a la semana realices meditaciones más largas que serán las que realmente ayuden a ir consolidando los cambios que quieres para tu vida.
En el PDF de esta semana podrás establecer tu plan semanal.
El verdadero reto: meditar la vida
Pequeños cambios de hábitos y algunas pautas de actitud, pueden hacer la diferencia aportando nuevas soluciones frente a determinadas situaciones que pueden cambiar toda nuestra vida.
Establece una rutina que te ayude a mantener este equilibrio que has conseguido para vivir con mayor satisfacción y armonía, de forma que puedas llevar esta nueva manera de vivir al trabajo, las relaciones y a la relación más importante que mantienes: la relación contigo mismo.
Por último, os dejo por aquí una receta fácil a la que siempre podréis acudir: los 6 hábitos para cultivar la felicidad.
6 HÁBITOS PARA CULTIVAR LA FELICIDAD
Cultivar la presencia: tratar de estar en lo que hacemos con todos nuestros sentidos
Fijaros que está en la primera de la lista. Y es que la felicidad, sea lo que sea, y se defina como se defina, es algo que solo se puede disfrutar en presente. O si no, pensadlo: si en un momento no estoy disfrutando de algo, cuando haya pasado, ¿podré ser feliz de recordarlo? O si pienso algo que me hará feliz en el futuro y luego cuando llega no lo disfruto, ¿estaré siendo feliz? No ¿verdad?
Por eso es tan importante vivir conectados al momento presente, viviendo con atención plena cada paso que damos, cada persona con la que hablamos, cada trabajo que realizamos, cada canción que escuchamos…Viviendo a cada instante la experiencia que nos ancla al momento presente. Incluso las experiencias desagradables, con atención plena, también son menos desagradables.
La clave está en prestar atención a las emociones y sensaciones que tenemos en cada momento, más que al pensamiento que incesablemente nos lleva a alejarnos del momento presente para llevarnos al pasado (tenía que haber dicho, hecho….) o al futuro (tengo que hacer, decir etc) .
Lo que siento (el frío, calor, el sol en la cara, lo que escucho…) y las emociones que tengo, ya sean de alegría, de miedo o de rabia o tristeza, son las que me conectan directamente con la experiencia que estoy viviendo en un preciso momento. Así que un buen ejercicio es intentar estar atento a todos ellas, para disfrutar de cada instante con más presencia.
Practicar la amabilidad
En castellano, la amabilidad se confunde con educación, y consideramos amable al que nos abre la puerta o nos da las gracias. La amabilidad a la que me refiero va más allá.
Se trata de cultivar la bondad, hacia todo y todos los seres del universo y en especial hacia nosotros mismos. Generalmente, somos nuestro peor enemigo y los que mayor poder tenemos de hacernos daño. Esto es debido al grado de auto-exigencia al que nos sometemos. Y si no, piénsalo un momento. Realmente, ¿juzgas a los demás con el mismo baremo que con el que lo haces contigo mismo?
Tendemos a ver los éxitos de los demás y considerar que lo nuestro siempre tiene menos mérito o menos valor. Esa condición poco a poco hace que nos vayamos exigiendo cada vez más, y esto, es muy poco amigo de la satisfacción y por tanto de la felicidad. Está bien ser exigente, pero intenta poner los límites en su justa medida, en especial contigo mismo.
Además, cultivar la amabilidad hacia los demás es también muy importante para nosotros mismos. A veces nos molestamos por cosas con otros que para lo único que sirven es para hacernos pasar un mal rato. Por ejemplo, si un coche me pita… ¿de qué me sirve cabrearme y gritarle? A mí realmente, ¿eso me calma? ,¿cómo se queda mi cuerpo después de eso? Piénsalo al revés, si reaccionaras con una sonrisa, o una carcajada, ¿qué pasaría?
Lo mismo es aplicable a las personas por las que nos sentimos heridas. Si hay cosas que se pueden arreglar, habrá que enfrentarse a ellas y tomar decisiones, pero ese sentimiento de frustración hacia otros, sólo nos hace daño a nosotros mismos. Y amigos, esto es algo que genera un montón de procesos físicos en nuestro cuerpo qué o traen nada bueno.
(Muy importante) No quejarse
Una persona que está todo el día quejándose está todo el día sufriendo y esto es fastidioso para uno mismo, pero también para los demás que se cansaran de escucharnos continuamente. Y al final es algo que hacemos todos. Por ejemplo, en los meses que tenemos mucho trabajo cuando te preguntan, qué tal estás y contestas, «bien pero con mucho trabajo». Ese “pero” anula al “bien” y se convierte en una queja. Fijaros qué diferente suena la respuesta. «¡Bien, con mucho trabajo y contenta por ello!» Cambia lo que transmites, y cambia lo que te hace sentir y por tanto tui estado de ánimo.
Quejarnos de que tenemos mucho trabajo, no sirve para que este desaparezca o se haga solo. Tengo varias opciones en este caso, disfrutar porque hago lo que me gusta y sí es mucho mejor, o dedicar tiempo a intentar reducir mis obligaciones u organizarme mejor. La cuestión es que la queja me sirve para bien poco.
Las cosas suceden cuando de verdad pones toda tu fuerza y tu pasión en ellas. Esto implica que tienes que trabajar cada día y renunciar a muchas cosas: la pereza, el mal humor, el ego y esa voz que intenta a menudo desviarnos del camino. Porque rendirse es más sencillo. Quejarnos y lamentarnos de lo que no conseguimos, de lo poco afortunados que somos, es mucho más fácil que darlo todo con la certeza de que el trabajo es la clave, y de que las cosas al final suceden.
Cuídate
Los que me conocéis ya sabéis que para mí tan importante es cuidar la mente como cuidar el cuerpo.
El ejercicio físico regular es la base de una buena salud física y podemos ser felices sin muchas cosas, pero si no tenemos salud es prácticamente imposible.
Cuidarse también es aprender a dedicarse tiempo a uno mismo, descansar adecuadamente, darse los mimos que uno necesita, permitirse decir que no de vez cuando. Recuerda que cuidarte a ti, te pone en disposición para cuidar mejor a los demás.
Agradece
Agradecer, implica poner el foco en las cosas buenas que tenemos en la vida y saber valorarlas. Desde las cosas más pequeñas a las más importantes.
Agradecerse a uno mismo cada día todas las cosas que hacemos bien, y agradecer a todo nuestro entorno la ayuda que nos brinda. Hasta agradecer al Universo todo lo que nos da cada día y esa sensación te brinda un estado de tranquilidad muy parecido a la felicidad.
Comienza cada día añadiendo a tu meditación tres cosas por las que te sientas agradecido, verás como en poco tiempo, cambia completamente la percepción de tu vida.
Cultiva las relaciones sociales
La ciencia nos está mostrando que somos seres sociales y nuestra felicidad depende de los lazos que establezcamos con los demás.
Optimizar nuestra capacidad para cuidar a los demás es algo que cualquiera puede hacer a través de la autoeducación.
Así como dedicamos tiempo y energía a aprender otras habilidades como leer y escribir o tocar un instrumento, podemos cultivar el desarrollo de nuestras cualidades de benevolencia y equilibrio emocional como habilidades, con perseverancia y paciencia.
Y con todo esto, agradecerte enormemente que hayas confiado en mí para la realización de este curso. Espero que hayas podido aprovecharlo y haya aportado un poco de luz en ti, y te deseo de todo corazón que encuentres la forma de meditar tu vida.
PRÁCTICA 8 - MEDITA LA VIDA
Meditación Adhitana
La meditación Adhitana, perteneciente al método Vipassana en la que trataremos de permanecer inmóviles por un tiempo determinado.
Comenzarás manteniendo la atención enfocada en la realidad natural del siempre cambiante flujo de la respiración, tal como entra y sale de las fosas nasales.
Después, cuando sientes que la mente está más calmada y concentrada, observar las sensaciones en todo el cuerpo, comprendiendo su naturaleza y desarrollando la ecuanimidad, al aprender a no reaccionar ante ellas.






