Buenos días. ¿Qué tal ha empezado la semana? Parece que ya quiere llegar el Otoño de verdad y empiezan a bajar las temperaturas y aparecer los días de lluvia. La verdad es que aunque no nos guste mucho, en estos momentos la lluvia es más necesaria que nunca. Ya hemos visto los tristes incendios que se han producido en el norte de España y Portugal así que tendremos que ver la lluvia como un maravilloso regalo que llega para nuestra tierra.

Y de eso trata un poco este post, de saber valorar el milagro de la vida. En el último post os contaba una experiencia increíble que llegó a mi vida casi por azar, saltar en paracaídas había sido una de esas cosas que siempre había querido hacer pero que muchas cosas de esa lista de nuestros deseos vamos dejando pasar. En este caso tuve suerte y literalmente la experiencia llamó a mi puerta (a mi teléfono propiamente dicho)

La experiencia cómo ya os contaba, fue una de las cosas más brutales que he hecho en mi vida. Y pasada la emoción inicial, fui consciente de que los sueños que tenemos, las cosas que realmente queremos hacer, no hay que esperar a que lleguen a ti, hay que ir a por ellas. Así que desde ese momento empecé a hacer una revisión interna de aquellas cosas que siempre dije o pensé que haría, las apunté en un papel, y me he propuesto no dejarlas pasar.

Pensar es fácil, pero poner los pensamientos en acción a veces puede resultarnos complicado. Y esta es la causa de que muchas veces vayamos dejando pasar todo aquello que pensamos que queremos hacer y no hacemos. Sin embargo, que algo sea difícil, no significa que no se puede conseguir, y más importante todavía, no significa que no podamos aprender o trabajar en que sea más sencillo. Y es que las cosas en la vida suceden realmente sin esfuerzo.

Os voy a contar una parábola:

Una vez Buda iba andando de una ciudad a otra con unos cuantos discípulos. En los primeros días de la caminata pasaron por un Lago donde pararon a descansar. Buda, dijo a unos de sus discípulos que tenía mucha sed, “Tráeme agua de ese lago” El discípulo no lo dudó y se dirigió al lago. Cuando se aproximaba notó que había gente lavando ropa y que justo en ese momento cruzaba una carreta tirada por mulos. Como resultado el agua se tornó turbia y con fango, el muchacho pensó: “¿Cómo voy a llevar esta agua para beber a mi maestro?” Así que volvió y le dijo a Buda: “ El agua de ahí está sucia y fangosa , no creo que sea bueno beberla”. Después de media hora, Buda dijo al mismo discípulo que volviera al lago y trajera agua para beber. El muchacho obediente volvió al lugar, aunque esta vez para su sorpresa el agua estaba totalmente clara. El fango se había asentado y el agua parecía perfecta para beber. No se lo pensó, llenó la cantimplora y se la llevó a su maestro. Buda miró el agua, y después al chico y le dijo: “Viste lo que hiciste para limpiar el agua. Dejaste que el tiempo pasara para que el fango asentara y desapareciese, y así obtuviste esta agua limpia y pura. Tu mente funciona así también. Cuando todo esté mezclado, y nada haya claro, deja pasar el tiempo, un poco de tiempo, todo volverá a la calma por si mismo, sucederá…y todo sin esfuerzo alguno”

¿Qué es lo que Buda quiere resaltar aquí? SIN ESFUERZO, es decir, tener una mente sana y en paz no es un trabajo de genios, sino que es un proceso que llega sin esfuerzo. Cuando hay paz dentro de ti, esa paz se filtra hasta fuera, se extiende a tu alrededor tanto que la gente empieza a notar esa paz, y las cosas suceden.

Para mi, esta es la clave de muchas de las cosas en nuestra vida, aquellas cosas que nos empeñamos en conseguir y luchamos duramente por ellas, con la sensación de sufrimiento que esa lucha acarrea, no tienen sentido. A esta vida no hemos venido a sufrir.

Puede sonar contradictorio con lo que decía al principio, pero no lo es. Esfuerzo en este contexto se asocia a sufrimiento, y tiene que ver más con las que cosas que hacemos, luchamos y perseguimos cada día sin saber realmente la motivación que nos lleva a ello. Sin saber si la causa de esa lucha, de esa batalla, sale realmente de nuestro corazón, de aquello que realmente deseamos.

Cuando nos esforzamos por algo que sale realmente de lo más dentro de nosotros, entonces, no hay batalla, no hay lucha, hay un camino que recorro sin esfuerzo, disfrutando de cada paso del camino, por complicado o lejos que esté nuestro objetivo, cada paso que damos, cada acción que realizamos que nos acerca a él es un motivo de satisfacción.

Por eso, pasar del pensamiento a la acción, no debería ser difícil. Sin embargo hoy en día lo es. Y lo es porque nuestros pensamientos están distorsionados por el estrés que vivimos, las exigencias, las comparaciones que hacen que se altere la percepción de la realidad que tenemos.

Somos seres pensantes, esto hace que nuestro cerebro pase la mayor parte del día pensando en lo que tengo que hacer en un futuro, o rumiando y dando vueltas a lo que hice en el pasado. Todo esto nos lleva a vivir atrapados entre el pasado y el futuro sin dar una oportunidad a vivir el presente. Sin escuchar nuestras emociones y nuestras sensaciones que son las que nos anclan al momento actual.

La mente domina y en ese maraña de pensamientos no somos capaces de ver con claridad y “sin esfuerzo” lo que queremos, lo que sentimos y lo que experimentamos realmente. Podemos hacer algo para acallar el ruido que ese continuo viaje mental entre el pasado y el presente generan en nuestra cabeza, y por tanto en nuestro cuerpo.

Por eso, antes de luchar duramente por lo que queremos, antes de nada, debemos dejar que el agua se calme y que con su claridad pueda ver lo que sentimos realmente para poder dar los pasos en la dirección que me acerquen más a esa felicidad, que llega desde la paz y desde una mente tranquila.

Por tanto, antes de dar grandes pasos en nuestra vida y proponernos diferentes metas y objetivos dedicaría un tiempo a realizar el siguiente ejercicio. (Inspirado en el libro Con rumbo propio de Andrés Martín Asuero.

  1. ¿Qué emociones y sensaciones me produce fijarme ese objetivo? ¿Hay tensión de comparación y miedo al fracaso? ¿De donde nace ese objetivo? ¿Me ayuda a cercarme a la persona que quiero ser?
  2. Fijarnos en el proceso para alcanzar el objetivo fijado, ¿lo estoy viviendo con paciencia, con confianza en mi mismo, son las sensaciones obtenidas positivas, con energía o negativas como la rabia o la frustración?
  3. ¿Estoy dispuesto a cambiar el objetivo si las emociones cambian y el estrés se vuelve nocivo o no nos recompensa?

Lo que quiero decir con todo esto es que las metas en la vida tienen valor como referencia que orienta los esfuerzos en una dirección, no como algo valioso en sí mismo. Si en un momento los esfuerzos por conseguir ese objetivo se torna en miedo al fracaso, o rabia ante los obstáculos siempre podremos cambiar el objetivo hacia algo estimulante que nos permita seguir avanzando en la dirección correcta según las circunstancias del momento.

Todo esto no es nada sencillo y requiere práctica, porque al igual que entrenamos para correr, o para montar en bicicleta, estos procesos también requieren de un entrenamiento. Un entrenamiento progresivo, sin sobrecargas, que en este caso, nuestra mente tenga la capacidad de procesar “sin esfuerzo” y disfrutando el proceso.

Este ha sido uno de los motivos por los que este año he decido formarme como profesora de Mindfulness y he empezado con el programa de entrenamiento de la atención en 8 semanas MBSR (Mindfulness based Stress Reduction) orientado a mejorar la atención, reducir el malestar o el estrés y a manejarse mejor en situaciones complejas y en momentos difíciles.

Además en vista de las sensaciones tan agradables que me produce este proceso, ayer pagaba la matrícula de mi formación de Yoga que siempre he querido hacer en India. Este es un paso que me he pensado durante mucho tiempo en mi vida, que sé que me va a requerir esfuerzo positivo, porque supone cortar con todo e irte para hacer más de 300 horas de formación lejos de tu casa y en un lugar tan diferente.

 

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Pero os puedo decir que desde ya, lo estoy viviendo con la mayor ilusión que puedo experimentar, porque realmente es algo que surge desde lo más profundo de mi corazón. No es algo que haga para nadie más, sino porque creo que me acercan a la persona que quiero ser y al estilo de vida que quiero llevar.

Espero que este post os haya ayudado y os sirva de referencia para aquellas cosas importantes que queráis hacer en vuestras vidas. Con todo esto, os dejo una frase para hoy

“La montaña más alta puede reducirse a un pequeño escalón, si el impulso para subirla sale del corazón”

Un abrazo enorme

Pau

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